Prohibir encuestas no evita que circulen: solo genera más desinformación

La prohibición de difundir encuestas durante la última semana antes de una elección en Perú termina produciendo el efecto contrario al que busca. La información no desaparece. Sigue circulando por WhatsApp, redes sociales y grupos cerrados. A veces incluso disfrazada con emojis, códigos o formatos que todos entienden, pero que intentan esquivar la ley. En estos tiempos digitales, es hora de revisar su vigencia.

El resultado de mantener esta prohibición es una brecha informativa: quienes tienen acceso a esas redes siguen viendo datos y tendencias; quienes no, quedan excluidos. No se reduce la influencia de las encuestas, se reduce la igualdad en el acceso a la información. Peor aún, se da espacio a una difusión sin control de encuestas falsas o de bajo rigor estadístico que genera desinformación.

En la era digital, el debate ya no debería centrarse en cómo ocultar los datos, sino en cómo garantizar que circulen con transparencia, contexto y estándares de calidad.

En la práctica, la prohibición termina por ampliar la brecha entre ciudadanos mejor conectados e informados y aquellos que dependen de los medios abiertos para acceder a información electoral.

La consecuencia puede ser exactamente la contraria a la buscada: más rumores, más especulación y más desinformación.

Es una discusión que Perú necesita dar de cara al futuro.